domingo, 7 de marzo de 2010

Noche de Tormenta.

Las luces del pasillo parpadearon como un pestañeo, como el aleteo de un pájaro, pero finalmente permanecieron encendidas. No fue la única vez. Al final de ese pasillo, en la salita, Ángela leía los primeros capítulos de una novela, ésa en la que un tipo tan raro abría una tienda de Cosas Necesarias en un pueblo de Nueva Inglaterra. Se preguntaba qué pasaría a continuación cuando las luces del corredor volvieron a zumbar.

La lluvia golpeaba con furia los cristales de la salita, y el viento, fuerza inesperada, alerta naranja, arrojaba hojas secas y pequeñas piedras contra las ventanas. Habían dicho en la televisión que en la ciudad las rachas del vendaval habían derribado un drago y arrancado de sus bases varias señales de tráfico. La última vez que Ángela se había atrevido a asomarse los relámpagos teñían de azul eléctrico un cielo negro como la pez.

Ahora en la televisión, sin sonido para poder leer, se sucedían las interferencias paralizando y distorsionando las imágenes. La cara de aquel actor se volvió un crucigrama de píxeles, después regresó a su forma natural pero en tonos de gris, sin color ninguno. A continuación dos líneas horizontales dividieron la imagen en tres franjas cimbreantes y de pronto se apagó.


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1 comentarios:

Maya Rincón 5/8/10 0:28  

Uyyyy me da que me voy a hacer algún cursillo acelerado de aprendiz de electricista o algo así ..Madre mía que yuyu x'D..

Me ha encantado, ya lo sabes.. Voy a por el de abajo. Vas a conseguir que no duerma hoy :D..

Besos !

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